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 | Haiti: Ayuda de EEUU en Haití comenzó lenta pero ha tomado impulso |
 WASHINGTON (AP) - La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton se encontraba en un hotel de Honolulú y se preparaba para viajar al Pacífico Sur cuando concluyó una serie de llamadas por teléfono celular a Washington.
Unas horas más tarde, estaba viajando de vuelta a la capital estadounidense.
El cambio repentino de planes ejemplificó la incertidumbre inicial tanto en la Casa Blanca como en otros departamentos del gobierno sobre la magnitud del desastre, el reto de organizar una respuesta eficiente y el riesgo de aparentar que no se había tomado la situación con la seriedad que merecía.
El presidente Barack Obama respondió con urgencia y la Casa Blanca se aseguró que la gente se enterara.
Sin embargo, en esas primeras horas después del terremoto que ocurrió poco después de las 17 locales del martes, nadie sabía con certeza qué tan grande fue.
De proporciones "bíblicas", comentó la secretaria de Estado al hablar sobre la devastación en Haití, donde estuvo de luna de miel hace 34 años.
Las comunicaciones estaban tan dañadas que Obama tuvo dificultades para comunicarse con su colega haitiano René Preval. Las cifras de muertos y daños eran difíciles de calcular.
"No tenemos aún el tipo de información que nos ofrezca un mapa sobre cómo vamos a poder responder de manera efectiva", dijo la señora Clinton a los periodistas en Hawai el miércoles a la una de la tarde, hora del Este de Estados Unidos.
Por su parte y pese a que el plan de respuesta aún se estaba elaborando, el ejército no perdió el tiempo para preparar lo que según sus jefes esperaban sería una misión de ayuda en caso de desastre, con labores de búsqueda y rescate y posiblemente seguridad en las calles.
El teniente general Philip Breedlove, el subjefe del comando conjunto de operaciones, hizo una llamada a la medianoche del martes y comenzó su trabajo de organizar a expertos de transporte aéreo y logística.
Por mera coincidencia, un general de alto nivel del ejército en Miami se encontraba en Haití cuando ocurrió el sismo. Era el general Ken Keen, el subjefe del Comando Sur de Estados Unidos, quien de inmediato se convirtió en el arquitecto del plan de respuesta del ejército, y comenzó a coordinar las operaciones desde el afectado aeropuerto de Puerto Príncipe, la capital de Haití.
Quedó claro desde el principio que Obama no estaba dispuesto a que se repitiera la respuesta que tuvo el gobierno del presidente George W. Bush al huracán Katrina en el 2005. Bush pagó un altísimo precio político cuando Nueva Orleáns se anegó y los organismos de todos los niveles tardaron en responder.
En contraste, Obama fue informado el día mismo sobre el terremoto y en los días siguientes estuvo al tanto y comenzó a trabajar de inmediato en la respuesta, aunque la tarea no resultó fácil.
El terremoto en Haití es diferente, no sólo porque ocurrió a cientos de kilómetros de las costas estadounidenses, pero el gobierno respondió rápidamente ante el llamado de auxilio.
Escampavías de la Guardia Costera y aviones fueron enviados cerca de Haití, y en las primeras horas del miércoles, un helicóptero de la Guardia Costera evacuó a cuatro empleados de la embajada de Estados Unidos gravemente heridos a la base naval de Guantánamo en Cuba.
Aunque los haitianos sufren los peores daños, Washington se preocupó por sus 45.000 habitantes que residen en Haití, entre ellos el personal de su embajada.
La mañana del miércoles, Obama habló públicamente por primera vez del sismo, dijo que su gobierno "estaba comenzado a conocer la gravedad de la devastación" y nombró a Rajiv Sah, el jefe de la Agencia para Desarrollo Internacional de Estados Unidos a cargo de coordinar la respuesta de Estados Unidos y trabajar con otros países.
En ese momento no había aún un cálculo sobre la cifra de muertos en Haití. Una de las razones que Hillary Clinton esgrimió para regresar a Washington fue que los cálculos extraoficiales consideraban que 100.000 muertos sería una cifra muy conservadora.
Horas después, en la Casa Blanca, Obama se reunió en el Salón de Situaciones con asesores civiles y militares quienes coordinaron los esfuerzos de ayuda.
Obama los exhortó a "trabajar al interior y con" el gobierno haitiano "en la mayor medida de lo posible" de acuerdo con un funcionario de alto nivel de la administración, quien describió la sesión bajo condición de permanecer anónimo porque no estaba autorizado a hablar de estas reuniones privadas.
Para el jueves los esfuerzos estadounidenses comenzaron a enfocarse en lo primordial: Obama prometió 100 millones de dólares en ayuda; el primer grupo de equipos de búsqueda y rescate estadounidenses ya estaban en Haití; otro equipo estaba identificando las áreas prioritarias de ayuda; el aeropuerto de Puerto Príncipe quedó listo para recibir de manera limitada y fueron desplegados batallones de soldados, un portaaviones y un barco hospital, el USNS Comfort.
Para el sábado, Obama estuvo nuevamente en frente a las cámaras de televisión en la Casa blanca, promoviendo "uno de los mayores esfuerzos de ayuda en nuestra historia" y mantuvo bajas las expectativas de un éxito rápido.
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Los periodistas de la Associated Press Anne Flaherty, Darlene Superville, Jennifer Loven y Julie Pace contribuyeron a este despacho.
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